jueves 11 de junio de 2009

"Pin Up": El Regreso de las Chicas para Colgar

Generalmente son rubias, livianas de ropa, dotadas de largas piernas y actitudes sugerentes. Ilustraron calendarios, revistas, naipes y también bombarderos militares. Fueron las llamadas Pin Up o “chicas para colgar”, que florecieron en la década del 40 a partir de los diestros trazos del dibujante peruano Alberto Vargas.

Pero Varga, que era como firmaba sus ilustraciones para la revista masculina Esquire, no es más que uno de los tantos artistas de ese tiempo, como George Petty y Gil Elvgren, que se inspiraron en las mujeres de moda: Bettie Page, Tempest Storm o Blaze Starr, provenientes muchas de cabarets y el music hall. Otras eran actrices de Hollywood, como Anita Ekberg, Jayne Mansfield y Mammie Van Doren.

Por eso, las chicas Pin Up son una mezcla de erotismo e ingenuidad. Su característica principal es que son bonitas, sensuales y normalmente aparecen en situaciones complicadas. La mayoría de las veces no están desnudas, pero muestran lo justo para despertar la fantasía y el deseo en sus espectadores. Siempre llamativas y en poses insinuantes. Son las llamadas “girl next door” o la vecina que todos soñamos tener y que Alberto Vargas plasmó en sus míticas Varga Girls.

Chicas en guerra

Las Varga Girls debutaron oficialmente el 15 de octubre de 1940 en la revista Esquire, publicación que las convirtió en un verdadero éxito. Por ello, los mandos militares norteamericanos las utilizaron como instrumento para levantar la moral de los combatientes aliados que participaban en la Segunda Guerra Mundial. Así, no había soldado que no tuviera un calendario o un afiche con ellas. Incluso, los bombarderos B-29 llevaban una de éstas en su morro, pintada por el propio Varga.

Entre 1942 y 1945 más seis millones de copias de Esquire, sin publicidad, fueron impresas y repartidas entre las tropas estadounidenses en el exterior. Y otros tres millones se distribuyeron entre los militares que quedaron Estados Unidos. Además se elaboraron tarjetas de bono de guerra con el título”Algo para los chicos”, ilustradas por las Pin Up de Varga.

Pero la Segunda Guerra no fue la única incursión bélica de las “chicas para colgar”. También el conflicto de Corea, iniciado en 1950, un escuadrón de bombarderos B-50 norteamericanos adornaban su fuselaje con mujeres pintadas. Claro, que a diferencia de sus antecesoras de 1945, éstas estaban bastante más descubiertas que las Varga Girls.

Lamentablemente, su existencia fue más bien efímera. Duraron hasta que la mujer del comandante de la base aérea de Yakota se sintió ofendida por estos desnudos y se ordenó que fueran borradas de los aviones.

Una nueva camada

Y aunque a partir de los 50, las “chicas para colgar” fueron sucumbiendo ante la aparición de Playboy y sus fotografías desplegables, como la de 1953 que muestra a Marilyn Monroe en todo su esplendor, las Pin Up no se perdieron del todo y su influencia pasó al cine, al arte y al cómic. Mel Ramos, integrante del Pop Art de los 60, recoge en sus desnudos esta línea, mezclándolos con productos de consumo masivo.

En los años posteriores, una nueva camada de artistas se ha inspirado en la herencia de las Varga Girls, aplicando técnicas más fotorrealistas. Entre ellos figuran nombres como el del japonés Hajime Sorayama, Greg Hildebrandt, Carlos Cartagena, John Kacere, Olivia de Berardinis y Alain Aslan.

En el caso de Sorayama, sus mujeres tienen un sello voluptuoso y futurista, marcadas por un estilo hiperrealista y de precisos detalles. Famosas son sus “sexyrobots”, las explosivas chicas de calendario y las perversas “gynoids” o cyborgs que combinan perfectamente mecánica y sensuales formas femeninas.

Y al igual que hace 60 años atrás, las “chicas para colgar” siguen alimentando hoy la fantasía y el deseo entre sus seguidores.