El texto que viene a continuación fue publicado por mí en el desaparecido periódico digital primeraplana.cl el 21 de octubre de 2006. Tenía como título "A Veinte Años de la Municipalización de los Colegios" y recordaba, a propósito de la movilización de los secundarios de ese año, lo que me tocó vivir cuando mi colegio fue traspasado a la Municipalidad de Santiago, en 1986. Hace unos días un compañero de esos tiempos me recordó este escrito y hoy lo republico, en pleno conflicto estudiantil, convencido de que nuestra oposición de esos años no estaba equivocada:
Viendo las últimas marchas de estudiantes
secundarios fue inevitable el recuerdo de mi último año de colegio. Era 1986 y
con mi generación enfrentamos la última fase del proceso de municipalización de
los liceos fiscales. El Instituto Nacional, el Liceo de Aplicación, el Liceo 1
y mi querido Internado Nacional Barros Arana (INBA), los llamados colegios
emblemáticos, iban camino a ser administrados por la Municipalidad de
Santiago.
Lo recuerdo como si hubiese sido ayer.
Faltaban dos semanas para las vacaciones de invierno y el viejo edificio de
calle Santo Domingo 3535 era un hervidero. Los que estábamos en 4to. Medio
pasamos sala por sala suspendiendo las clases. “No al municipio”, era nuestra
consigna. Simple y directa. “El INBA no se vende”, fue acuñado como grito de
guerra, mientras nos movilizábamos en masa al hall central.
Y es que, pese a nuestra adolescencia, avizorábamos que el cambio traería problemas y un deterioro en la calidad de la enseñanza. Hoy me doy cuenta de que no estábamos equivocados, porque al amparo del sistema municipal nuestro INBA ha agonizado durante los últimos veinte años.
Sin embargo, había que dar la pelea. Y nosotros lo hicimos, paralizando durante diez días, con el apoyo de profesores e inspectores. Nos faltó prensa, eso sí. Eran otros tiempos y a los editores de esos años el tema no les interesaba. También había censores que hacían bien su trabajo. La dictadura, obviamente, no se hizo cargo de nuestros reclamos.
Decidimos salir a la calle.
Organizados en varios grupos salimos un día, dispuestos a todo. Nadie nos atajó en
Con una mañana gris como testigo iniciamos nuestra marcha. “No al municipio”, gritábamos al unísono, mientras avanzábamos por el bandejón central. De la nada apareció un bus de Fuerzas Especiales y un piquete de uniformados se plantó frente a nosotros, con sus escudos en ristre, embistiéndonos sin miramiento alguno segundos después. El desbande se hizo inevitable y la refriega duró pocos minutos. Lucho Cuello, uno de nuestros "mártires", tuvo la mala suerte de conocer el interior de la micro policial.
Finalmente, perdimos por secretaría. Los
efectos del temporal de ese año, que dejó sin agua potable a la Región Metropolitana ,
sirvieron de pretexto para adelantar las vacaciones de invierno y nos mandaron
para la casa. Cuando volvimos, la municipalización ya estaba oleada y sacramentada.
Luego tuvimos que recuperar clases y prepararnos para la PAA.
Ya han pasado veinte años y, a pocas semanas de juntarme con mis compañeros de curso a celebrar el aniversario de nuestro egreso, recuerdo este hecho con la misma emoción de esos días, mientras escucho “El baile de los que sobran”. Ojalá los inbanos de hoy no pierdan ese espíritu.


